domingo, 10 de abril de 2011

Estampitas de colores




Ofelia (1852), John Everett Millais
Mujeres de Argel (1834), Eugène Delacroix
La mesa del desayuno (1883), John S. Sargent

sábado, 5 de febrero de 2011

LETICIA BERGÉ -Pocos-



De mi currículum
Mortis destacaría
Una sonrisa que pocos han visto




MIEDO

Tengo aún sobre mis labios la gota que colmó tu vaso. Por ella te vas, me dejas sola.
Es una gota nacida momentos antes; lágrima inoportuna que atravesó el pómulo y la piel tocada por tus besos. Besos caros. Ahora en mis ojos el amor y la tristeza: las dos cosas que nunca fuiste capaz de soportar. Y en mis pupilas tu espalda mientras huyes de mi debilidad y en mi boca el temido 'te quiero', silenciado -tranquilo- por tu marcha... Y ahí, todavía, una lágrima delatora.

viernes, 4 de febrero de 2011

HOMECOMING





"A Cecilia acababa de venirle el periodo, precisamente el mismo día en que lo estaban pasando las demás, todas sincronizadas en sus ritmos lunares. Aquellos cinco días de cada mes eran los peores del año para el señor Lisbon, que se veía obligado a distribuir aspirinas como quien da de comer a los patos, así como a apaciguar los accesos de llanto que se desataban por el simple hecho de que en la película de la tele habían matado a un perro. Según contó, cuando las chicas tenían «el mes» desplegaban su feminidad de manera dramática. Se ponían más lánguidas, bajaban las escaleras del modo en que lo hacen las actrices y hasta les daba por guiñar el ojo al decir cosas tan sencillas como: «La prima Herbie ha venido de visita»."


(LAS VÍRGENES SUICIDAS - jeffrey eugenides)

miércoles, 2 de febrero de 2011

EROTOMANÍA


"Síndrome caracterizado por la convicción delirante y persistente de ser amado. El paciente normalmente es del sexo femenino y cree recibir mensajes y señales del objeto amoroso, que suele ser un hombre de nivel socioeconómico más elevado, y muy a menudo casado. Los rechazos por parte del objeto son interpretados como evidencias de amor hacia la paciente (conducta paradójica)."

LA JAULA




Noto a un alguien que me mira. Dos ojos palpitantes, dos ojos que queman. Alzo la vista y los encuentro, sólo un segundo, un instante. No sólo me ven: esos ojos me sienten. Y yo siento que respiran. Y respira mi pecho bajo esas pupilas que suben y  bajan al ritmo de mi aliento. Y luego caen en la meseta - tierra sin dueño - y la recorren y la exploran. Vuestras son las primeras huellas en la piel virgen y vuestro es el ombligo, hasta hoy intacto, convertido en preso bajo el yugo de vuestros párpados abiertos. Ojos, dejar de perseguirme, os lo ruego. (No...no hagáis caso. Ser fuertes.) Ojos... no puedo, no lo aguanto. (Pero no... ¿A dónde vaís? No os desviéis. Vuestra huída es el castigo y el castigo es una vida que sólo es sueño; el sueño de unos ojos que me miran y a los que yo miro sin miedo. ¿Y es eso vida o es la muerte? Es un limbo...una mentira. La nada. Fantasía.)  Pero ahí seguís, lo presiento. Y dentro el alivio momentáneo y después el pánico. ¿Alcanzaréis, ojos, el coto privado de mis dedos? Aquí está, al final, el secreto.  Pupilas hambrientas, ¿llegaréis?  Pupilas amenazantes que huelen el temor y, tras el temor, el deseo...Y tras su rastro galopan, y por su valor lo apresan. Y rodean el escondite y lo atacan, con la violencia de un salvador involuntario, agresor santificado. Y entonces muero y nazco otra. Por la anhelada violación  me sacrifico: a vosotros entrego mi intimidad de terciopelo azul. Y sin ella, ya otra. Y apenas me recuerdo...   Sólo dos ojos que me tocaron sin rozarme, en una esquina de cualquier calle.  

FOREVER YOUNG



"Bésala, imbécil, bésala."
 


It came and touched me gently, and then left through the back door. I said goodbye, with a sudden mix of joy and sadness, and came inside, where everything was still the same. Everything except me. And I looked in the mirror, and there i was: a little bit older, a little bit wiser... And i swore i wouldnt welcome Time again, but then i cried: i couldnt remember its face.




martes, 1 de febrero de 2011

boys don't cry



Las tres niñas iban delante y pude no quitar ojo a sus melenas ondeantes y a sus piernas al pedalear. Emilia llevaba un sombrero de paja que cubría su pelo de seta. Por lo demás, desde esa perspectiva parecían un mismo espejismo triplicado. ¡Qué cortas se ponían siempre! Para colmo las telas viejas de sus vestidos - o camisetas largas, o lo que fuesen esas prendas sin formas- desprotegían sus cuerpos de miradas indiscretas. Quiero pensar que ignoraban que a contraluz revelaban todo lo que pretendían ocultar. Me mataría que no fuese producto de la inocencia sino de una premeditada estrategia con el fin de conquistar.


Me avergüenza admitir que el efímero contacto tuvo repercusiones inmediatas en mi libido. ¿Cómo me juzgaría un cura de saber lo que rondó mi mente pervertida minutos después, al verla despegar los labios carnosos y alargar la lengua unos milímetros, con los párpados semicerrados, para recibir la forma sagrada?



UNA AMAPOLA



Al pensar en Carlota, por ejemplo, a veces surge frente a mí, nítida, su sonrisa. Ella está a sólo unos metros, situada como un palo en medio de un prado de amapolas en donde sopla cierta brisa que hace fluctuar su pelo. Aparta un mechón de su rostro, como solía hacer, me mira y se agacha para coger una flor.  Examina la elegida y decide que es un ejemplar digno de ser sacrificado. “¡Qué forma tan heroica de morir!”, me cuenta, “a favor de la pregunta del amor.” Entonces la desnuda poco a poco, arrancando los finos pétalos mientras susurra palabras que se pierden en el viento antes de llegar a mÍ. Está ahí, es ella, y yo he vivido esos instantes. Pero luego entro en razón: nunca hubo un prado bañado en amapolas. Reflexiono y consigo devolver esa alfombra a un cuadro que vi de niño y cuya impronta había quedado a la deriva en las profundidades de mi mente.  Pero ya es tarde, la secuencia ha tomado forma y ahora existe, aunque sólo sea en mi cabeza, y podré recordarla igual que recuerdo lo demás, que tampoco existe ya fuera de ella. 
 En una ocasión llegué al extremo de creer haber visto a las cuatro hermanas bailar bajo los copos de una nieve de caída lenta.  Saltaban y abrían las bocas al cielo para recibir el agua helada y blanca y saborear el frío. Pero ellas jamás habían visto nevar, y si algo hubo real ese verano fue el calor asesino e inusual que casi nos deja secos.





LETICIA BERGÉ - Beso -


Judas, acércate. ¿Qué cae
de tu soga y suena?
Ven, quiero el beso de un cobarde.

CRIATURA - Barceló - McCarthy -




Y en la orilla opuesta un ser que levantaba su chorreante boca de gour y miraba hacia la luz con unos ojos tan blancos y ciegos como los huevos de araña. Balanceaba su cabeza a ras de agua como para captar el olor de aquello que no podía ver. Agazapado allí, pálido y desnudo y translúcido, sus huesos de alabastro grabados en sombra en rocas que tenía detrás. Sus intestinos, su palpitante corazón. El cerebro que latía dentro de una empañada campana de cristal. La criatura movía la cabeza de lado a lado y luego soltaba un gemido grave y daba media vuelta y dando tumbos se alejaba silenciosamente hacia la noche.

(La Carretera)

JAIME GIL DE BIEDMA - A través del espejo


Como enanos y monos en la orla
de una tapicería en la que tú campabas
borracho, persiguiendo jovencitas...
O como fieles, asistentes
- mientras nos encantabas -
al santo sacrificio de la fama
de tu exceso de ser inteligente,
éramos todos para ti. Trabajos
de seducción perdidos fue tu vida.

Y tus buenos poemas, añagazas
de fin de juerga para retenernos.

lunes, 31 de enero de 2011

TROUBLE, SET ME FREE

EL CUERPO DE LA MARIPOSA



"Quizás ese velo, tejido con la delicada gracia de la nostalgia, aporta la ilusión de un atractivo añadido. Quizás protege de la fealdad inevitable que hay en todas las cosas y así esas imágenes se quedan ahí, en lo alto, incomparables, inalcanzables..."

Los recuerdos son como las mariposas. La distancia los embellece.
Si estuviese en nuestra mano analizarlos de cerca, con la objetividad necesaria, descubriríamos la imperfección oculta bajo las trampas de la mente, la más vieja de las románticas.
Sería como atrapar al insecto más preciado. Examinarlo y desmontar su mito: es sólo un gusano disfrazado... ¡De un soplo la farsa más antigua rota en mil pedazos! Y la mariposa avergonzada, sin su traje tropical de pájaro amazónico, sin sus polvos mágicos, sin sus ojos falsos, manchas leopardinas de colores infinitos. Sólo con un cuerpo peludo y feo.


Mi madre decía que el encanto de los recuerdos aumenta o disminuye de forma proporcionalmente inversa a nuestra felicidad presente. Últimamente los míos llegan expresamente para desesperarme. Me desafían, "esto es lo que tuviste y perdiste", dicen. Desenmascaran las carencias de una vida que según ellos, al menos por unos momentos durante un verano hace ya mucho, fue plena.


Es el cerebro, que diseña cebos prehistóricos y terribles.