lunes, 31 de enero de 2011
EL CUERPO DE LA MARIPOSA
"Quizás ese velo, tejido con la delicada gracia de la nostalgia, aporta la ilusión de un atractivo añadido. Quizás protege de la fealdad inevitable que hay en todas las cosas y así esas imágenes se quedan ahí, en lo alto, incomparables, inalcanzables..."
Si estuviese en nuestra mano analizarlos de cerca, con la objetividad necesaria, descubriríamos la imperfección oculta bajo las trampas de la mente, la más vieja de las románticas.
Sería como atrapar al insecto más preciado. Examinarlo y desmontar su mito: es sólo un gusano disfrazado... ¡De un soplo la farsa más antigua rota en mil pedazos! Y la mariposa avergonzada, sin su traje tropical de pájaro amazónico, sin sus polvos mágicos, sin sus ojos falsos, manchas leopardinas de colores infinitos. Sólo con un cuerpo peludo y feo.
Mi madre decía que el encanto de los recuerdos aumenta o disminuye de forma proporcionalmente inversa a nuestra felicidad presente. Últimamente los míos llegan expresamente para desesperarme. Me desafían, "esto es lo que tuviste y perdiste", dicen. Desenmascaran las carencias de una vida que según ellos, al menos por unos momentos durante un verano hace ya mucho, fue plena.
Es el cerebro, que diseña cebos prehistóricos y terribles.
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