Tengo aún sobre mis labios la gota que colmó tu vaso. Por ella te vas, me dejas sola.
Es una gota nacida momentos antes; lágrima inoportuna que atravesó el pómulo y la piel tocada por tus besos. Besos caros. Ahora en mis ojos el amor y la tristeza: las dos cosas que nunca fuiste capaz de soportar. Y en mis pupilas tu espalda mientras huyes de mi debilidad y en mi boca el temido 'te quiero', silenciado -tranquilo- por tu marcha... Y ahí, todavía, una lágrima delatora.
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